TEXTOS SELECTOS DEL PRÓLOGO DE LA CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA

Liceo Neandro Schilling
Prof. Miguel González Chávez
Religión Católicainsignia

 Objetivo: Interiorizarse en texto del  filósofo Inmanuel Kant para asimilar los límites  que posee la razón humana.

Metodología: Luego de una lectura atenta, los alumnos responderán la pauta de preguntas en parejas.

(Inmanuel Kant)

                La razón humana tiene el destino singular, en uno de sus campos de conocimiento, de hallarse acosada por cuestiones que no puede rechazar por ser planteadas por la misma naturaleza de la razón, pero a las que tampoco puede responder por sobrepasar todas sus facultades.

La perplejidad en la que cae la razón no es debida a culpa suya alguna. Comienza con principios cuyo uso es inevitable en el curso de la experiencia, uso que se halla, a la vez, suficientemente justificado por esta misma experiencia.

Con tales principios la razón se eleva cada vez más (como exige su propia naturaleza), llegando a condiciones  progresivamente mas remotas. Pero, advirtiendo que de esta forma su tarea ha de quedar inacabada, ya que las cuestiones nunca se agotan, se ve obligada a recurrir a principios que sobrepasan todo posible uso empírico y que parecen, no obstante, tan libres de sospecha que la misma razón ordinaria se halla de acuerdo con ellos. Es así como incurre en oscuridades y contradicciones. Y, aunque puede deducir que éstas se deben necesariamente a errores ocultos en algún lugar, no es capaz de detectarlos, ya que los principios que utiliza no reconocen contrastación empírica alguna por sobrepasar los límites de toda experiencia. El campo de batalla de estas inacabables disputas se llama metafísica.

Hubo un tiempo en que la metafísica recibía el nombre de reina de todas las ciencias y, si se tomas el deseo por la realidad, bien merecía este honroso título, dada la importancia prioritaria de su objeto. La moda actual, por el contrario, consiste en manifestar ante ella todo su desprecio. La matrona rechazada y abandonada, se lamenta como Hécuba: modo maxima rerum, tot generis natisque potens –nunc trabor exul, inops-.

Su dominio, bajo la administración de los dogmáticos empezó siendo despótico. Pero, dado que la legislación llevaba todavía la huella de la antigua barbarie, tal dominio fue progresivamente degenerando, a consecuencia de guerras intestinas, en una completa anarquía; los escépticos, especie de nómadas  que aborrecen todo asentamiento duradero, destruían de vez en cuando la unión social. Afortunadamente, su número era reducido. Por ello no pudieron impedir que los dogmáticos intentaran reconstruir una vez más dicha unión, aunque sin concordar entre sí mismos sobre ningún proyecto. Más recientemente apareció, por un momento, que una cierta fisiología del entendimiento humano (la del conocido Locke) iba a terminar con todas esas disputas y que se iba a resolver definitivamente la legitimidad de aquellas pretensiones. Ahora bien, aunque el origen de la supuesta reina se encontró con la plebeya experiencia común y se debió, por ello mismo, sospechar con fundamento de su arrogancia, el hecho de haberle atribuido falsamente tal genealogía hizo que ella siguiera sosteniendo sus pretensiones. Por eso ha recaído todo, una vez más, en el anticuado y carcomido dogmatismo y, a consecuencia de ello, en el desprestigio del que se pretendía haber rescatado la ciencia. Ahora, tras haber ensayado en vano todos los métodos –Según se piensa –, reina el hastío y el indiferentismo total, que engendran el caos y la noche en las ciencias, pero que constituyen a la vez, el origen, o al menos el preludio, de una próxima transformación y clarificación de las mismas, después de que un celo mal aplicado las ha convertido en oscuras, confusas e inservibles.

Es inútil la pretensión de fingir indiferencia frente a investigaciones cuyo objeto no puede ser indiferente a la naturaleza humana. Incluso esos supuestos indiferentes, por mucho que se esfuercen en disfrazarse transformando el lenguaje de la escuela en habla popular, recaen inevitablemente, así que se ponen a pensar algo, en las afirmaciones metafísicas frente a las cuales ostentaban tanto desprecio. De todas formas, esa indiferencia, que se da en medio del florecimiento de todas las ciencias y que afecta precisamente a aquellas, cuyos conocimientos –de ser alcanzables por el hombre – serían los últimos a los que éste renunciaría, representa un fenómeno digno de atención y reflexión. Es obvio que tal indiferencia no es efecto de la ligereza, sino del juicio maduro de una época que no se contenta ya con un saber aparente; es por una parte, un llamamiento a la razón para que de nuevo emprenda la más difícil de todas sus tareas, a saber, la del autoconocimiento y, por otra, para que instituya un tribunal que garantice sus pretensiones legitimas y que sea capaz de terminar con todas las arrogancias infundadas, no con afirmaciones de autoridad, sino con las leyes eternas e invariables que la razón posee. Semejante tribunal no es otro que la misma crítica de la razón pura.

Pauta de preguntas.

  1. ¿Por qué se halla acosada la razón humana?
  2. ¿Qué cosas sobrepasan las facultades de la razón? De un ejemplo.
  3. “se ve obligada a recurrir a principios que sobrepasan todo posible uso empírico” ¿A qué se refiere la palabra “empírico?
  4. ¿Cómo se llama éste campo de batalla?
  5. Diferencie en tres columnas  las características de los: Dogmáticos, escépticos e indiferentes según el texto.

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