La verdad del Cristianismo

                   La verdad del Cristianismo1

                             El impacto del Cristianismo radica, pues, en la notable genialidad de su respuesta al problema del hombre, captado en su triple coordenada: Muerte, vida inconsistente y egocentrismo radical. Dicha genialidad se muestra en dos aspectos principales: La experiencia histórica de Jesús como gracia (Regalo) de Dios que irrumpe en la historia de todo ser humano y la sintonía salvífica de esa irrupción con respecto a ese triple problema de fondo de la existencia humana.

¿Cuales son los tres problemas de la existencia humana?
1. La muerte
2. La vida inconsistente
3. El egocentrismo radical

Toda religión constituye un anuncio de la realidad trascendente (Dios) que salva al hombre. Pero el cristianismo ofrece un anuncio de incomparable genialidad, como un “UNIVERSAL CONCRETO” que, al ser descubierto por el hombre, puede producir en él una experiencia gozosa de salvación de tal envergadura que es capaz de transformar radicalmente su existencia. Como en ninguna otra religión, la originalidad del cristianismo se encuentra en la experiencia de la Salvación como “gracia” (Regalo) y no como el resultado de las búsquedas voluntaristas del hombre. De esta forma asume a fondo el problema de la inconsistencia autónoma del hombre, incapaz de auto-salvarse, y, por lo mismo, permite experimentar la Salvación como Don de Dios.    Ahí radica la diferencia principal del cristianismo con respecto, por ejemplo, a la religión budista.

Pero, a la vez, esa experiencia de gracia lleva al cristianismo a no poder identificar a Dios con ninguna cultura religiosa y, por lo mismo, a respetarlas todas como mediaciones humanas de apertura al absoluto divino. En efecto, toda religión es tensión hacia la única realidad trascendente.

Así, pues, la experiencia bíblica de Dios conlleva también la superación de todo etnocentrismo religioso, incluso el bíblico (“No hay ni judío ni gentil…”), como también la no identificación del Reino de Dios con la Iglesia históricamente condicionada, aun cundo esta pueda ser portadora de ese Reino de gracia y, a la vez, portadora  del criterio que permite descubrirlo y reconocerlo incluso fuera de ella misma (Cf. Gaudium et Spes n. 22). Sólo así podrá discernir en forma auto-crítica los aspectos ajenos al Reino que se encuentren al interior de la misma Iglesia (Cf. GS n.19; también Santo Domingo n.18)

____________________________
Bentue, Antonio, La Opción creyente, (5º Ed.) Pág. 90

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s